Dice el ya finado Carl Sagan, científico, pensador y divulgador de la ciencia, que cada que un ciudadano acude a horóscopos, adivinos, profetas y asume la existencia real de seres fantásticos, no demuestra más que el fracaso del sistema educativo. Ël hablaba de ciudadanos norteamericanos pero tenemos casos próximos. Según la encuesta de percepción pública de la ciencia y la tecmología de 2010, levantada en el año 2010 por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología mexicano, de la que nos daba cuenta ayer Luis Sánchez, el 87 % de los mexicanos considera peligrosos a los científicos, y si bien casi el 78 % considera que debe haber más personas encargada de hacer investigación científica, 84 % confía más en la fe que en la ciencia y el 38 % de la población está segura de que los ovnis existen y son vehículos que transportan seres inteligentes extraterrestres.
Estos y otros elementos apuntan hacia algo que se puede negar solo con argumentos rebuscados y complejos y parece más que evidente: el fracaso del sistema educativo mexicano en muchas dimensiones, pero particularmente su fracaso para hacer ciudadanos cultos en mataria de ciencia y más aun en producir ciudadanos interesados en el estudio a nivel profesional de una carrera científica.
Ayer Luis Sánchez, Mario Valera, Asunción Yescas, nos daban sus puntos de vista sobre los errores del pasado de las ciencias químicas, sobre sus virtudes, la generación de polímeros, por ejemplo; sus efectos, la contaminación con plásticos y las posibles soluciones y los compromisos futuros para la química como el desarrollo de la química verde, la generación de nuevos polímeros degradables o bien con propiedades antisépticas. En sus opiniones delineaban algo implicitamente; la necesidad de combatir los problemas a los que nos ha llevado el abuso del conocimiento con la herramienta de más conocimiento. Como lo dije al principio de la jornada de ayer, la república, la sociedad sí necesita sabios, sí necesita saber, no hay que guillotinar a los falsos enemigos.
¿Cómo cumplir entonces el compromiso de solucionar con conocimiento científico frente a la fuerte sospecha de que el sistema educativo mexicano genera más calificaciones, certificados, títulos y grados que ciudadanos sapientes, ciudadanos activos en su propia formación, ciudadanos cultos de su entorno, no solo consumidores de frivola tecnología, sino agentes críticos de su entorno, dotados de todas las herramientas para cumplir una función proactiva y no pasiva en su medio? ¿Cómo podemos concebir que los problemas energéticos, ambientales, de alimentación, de salud, del futuro podrán ser mitigados no solo por científicos, administradores públicos, empresas, sino por la acción crítica de los ciudadanos? La respuesta parece obvia: mejor educación científica en todos los niveles ¿Cómo lograr esto?
En la presente mesa no pretendemos solucionar todos los temas sobre educación en ciencia, sino en principio activar la conciencia de estudiantes, profesores, asistentes de que la educación, la educación científica, la educación de la química es un gran tema con un agenda amplia. Que la educación en química, la formación de educadores no es solo un divertimento para algunos, para cuando sobra el tiempo, para los interesados. Que ser profesor de ciencias en cualquier nivel educativo no es la úlitma opción, no es el bien familiar, en forma de una plaza en la nómina gubernamental, heredado o comprado para su explotación, no es la última ocpión para el profesionista que no encuentra trabajo. La educación en química, en ciencias, es una gran labor que es sustantiva para el futuro de las sociedades y debe ser tema, agenda, programa, área de investigación y de especialización, mayormente en las instituciones de educación superior donde se forma a futuros ingenieros, científicos, conocedores de la ciencia y su dimensión social.
Fabricio González Soriano

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