martes, febrero 08, 2011

6 de febrero

6 de febrero hace 11 años, la Policia Federal Preventiva (PFP), entró a Ciudad Universitaria. Esa mañana era de domingo y un primo me habló para saber dónde estaba. Yo en cama, respondí y aun con la advertencia de padres y primo me lancé a la FES Iztacala (FESI) para saber de compañeros estudiantes que eran parte del Consejo General de Huelga (CGH). Yo, académico universitario, no era parte beligerante del movimiento, sino más bien me mantenía en un margen crítico y estaba empeñado en terminar mi tesis de biólogo. La noche de ese domingo fuimos muchos a velar la seguridad de compañeros universitarios hechos presos en instalaciones de la PFP frente al Monumento a la Revolución, gritamos consignas y nos mantuvimos al tanto hasta varios después en que los muchachos, algunos mis alumnos, fueron saliendo de la carcel. Con la rabia contenida, escribí y volanteé esto hace 11 años en la FESI y en Ciudad Universitaria, sentía que era lo que me tocaba  hacer como universitario que no era parte del CGH, ni de la ortodoxia reaccionaria en la que se incluían algunos de mis amigos más cercanos. Lo transcribo y me pongo a reflexionar en la distancia con respecto al presente.    

FaGS
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Universitario:

Sí hubo represión, sí hubo vencidos, si hay grupos que se detentarán como ganadores y nunca verán que el daño que se le ha hecho a la UNAM y a la sociedad es mayor que cualquiera que más de nueve meses de paro hubieran podido ocasionar.
En el discurso oficial, zedillista, de inglés vergonzoso en lugar de español digno, de movimientos guerrilleros que sólo son incidentes históricos y de desprecio absoluto a los movimientos sociales, que son el reflejo de los daños ocasionados por los planes de desarrollo económico, en ese discurso correcto, políticamente correcto, propio de la clase media cuya realidad es la que transmiten los medios de comunicación, en ese discurso la respuesta lógica a un movimiento social como el de la UNAM es la represión que se justifica en supuestos ejercicios democráticos.
El plebiscito es una artimaña que incluso hace caer en una trampa a las gentes más ilustradas. 180 mil votos a favor del discurso oficial no son mayoría en un padrón de 400 mil y la lectura de una tasa de abstencionismo mayor al 50 por ciento no es, por supuesto, falta de interés, sino autoexclusión por dignidad pues en la mente de muchos la resistencia a la mínima consideración de las tácticas oficiales es la forma de combatir. El consenso, bandera del CGH robada por el rector, fue una artimaña para justificar la acción represiva frente a las buenas conciencias.
Lo que procede, como ciudadanos que no son parte del CGH y no tienen comprometida su opinión con el sistema, es:
El repudio tajante por un intento de solución que no ha devuelto las instalaciones a los universitarios sino a un grupo de elite, militarizado, que ha sido creado especialmente para combatir a la ciudadanía y no a la verdadera delincuencia
El repudio y el veto a las consideraciones, comentarios y forma de difusión, al linchamiento, que las dos principales televisoras nacionales han hecho del conflicto universitario.
El repudio al gobierno zedillista que ha respondido a la oligarquía nacional, a los 16 notables que le pidieron acción inmediata contra los universitarios en un desplegado del pasado sábado 29 de enero.
El veto a esos 16 oligarcas que exigieron e hicieron cumplir su demanda de represión en la UNAM.
El repudio a los jerarcas de la iglesia católica que sistemáticamente han echado a la pira a los movimientos sociales.
El repudio y consternación ante los cargos que se han fincado contra los miembros del CGH, los antiparistas, estudiantes todos y curiosos que fueron aprehendidos en la preparatoria 3.
El repudio ante las ordenes de aprehensión contra los miembros del CGH.
La exigencia de que el rector De la Fuente asuma su responsabilidad moral y jurídica por haber enfrentado a los universitarios entre sí.
El extrañamiento a los universitarios que se proclamen vencedores pues en realidad todos fuimos ofendidos, los universitarios, los mexicanos, todos, fuimos vejados por el discurso y el interés de sólo unos cuantos.

¡Repudio a las tácticas oficiales que nada resuelven!
¡Libertad a los presos políticos!

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