martes, octubre 05, 2010

¡Suerte!

Se queja un amigo mío que la mala suerte le ha seguido durante este año; se congratula de la misma manera porque el año ya casi acaba, supone que año nuevo suerte nueva y el 2011 le espera con una mejor fortuna. A diferencia de él creo que la mala suerte no es más que una mala comprensión de la naturaleza metafísica del mundo en el que siempre hay más probabilidades de perder que de ganar y me parece una buena sugerencia esa de no aventurar al pensamiento por los pantanosos vados de una entidad o fenómeno tan místico como la suerte. Particularmente no le deseo con frecuencia suerte a las personas, mucho menos animó a mi arrogancia diciendo que soy suertudo, ni escupo contra la mala suerte cuando algo malo me pasa. En todo caso pienso que son circunstancias, causas materiales o el resultado de la interacción de tal naturaleza de causas, las que convergen en un hecho estimado como afortunado o lo contrario, aun así sea el más desafortunado de todos.

Desde un filo moral creo que acudir a la suerte para explicar la mala fortuna es un síntoma de evasión moral de las consecuencias de nuestros actos; por ejemplo hace poco en los medios nacionales exhibieron a una mujer que se quejaba ante la cámara y su par de hijos, delincuentes confesos aprehendidos y en proceso judicial, de la mala fortuna de haber tenido ese par de vástagos en suerte en lugar de un par de buenos muchachos, obviamente evadiendo la posibilidad de su responsabilidad en la formación de esos dos exhibidos. Por otro lado más metafísico me sorprende la arrogancia que los seres humanos exhibimos al afrimar que los eventos desafortunados son efecto de la mala suerte y peor aun de una especie de arreglo universal a modo de provocarnos penurias. Algunas historias explotan este sentido de egocentrismo arrogante y lucha contra la mala suerte; por ejemplo la película Titanic de James Cameron relata cómo la historia de amor de Rose y Jack pervive incluso frente a la peor de las suertes, generando el efecto de que todo el conjunto de circunstancias que resultan en el hundimiento del Titanic son solo penurias que tienen que sortear (con algo de suerte) los protagonistas para hacer perdurar su amor, mientras cientos de sujetos como escenografía mueren en distintos cuadros de la cinta. El ser humano históricamente se ha valorado como una creación especial en el universo, cada sujeto particular se siente único además y en este sentido la evocación de la mala suerte por parte de los individuos implica la noción de que hay alguna entidad que nos considera tan importantes como para hacernos objeto de sus juegos y caprichos: los caprichos de la suerte.

John Allen Paulos en su libro Érase una vez un número dice algo más sobre este sentimiento arrogante de que el universo en un sentido místico hace algo para favorecernos en suerte o para provocarnos malas pasadas; “muchos llegamos a pensar -dice- que nuestra vida abunda en conicidencias mientras que la de los demás es más bien típica”; es decir que el universo es notable e intencional con uno y no con los demás. En efecto en el colmo de las sagas de eventos desafortunados uno llega a pensar con vehemencia: “esto solo podría pasarme a mi”, frase que si bien puede ser una súplica de tregua ante el infortunio, no deja de ser exhibición de egocentrismo y una expresión típica de ese juego entretenido de la Ley de Murphy. Su autoria se le adscribe al ingeniero Edward A. Murphy y reza suscintamente que si algo malo puede pasar(nos), (nos) pasará; en la mítica murphieana se dice que la ley se enunció poco después de un experimento sobre el efecto de la fuerza G en chimpancés en el que las lecturas importantes no se obtuvieron por una mala conexión en los instrumentos (lo malo pasó).

La Ley de Murphy se ha desplegado como broma en varias áreas de la vida cotidiana, las ciencias, técnicas e investigación en forma de aforismos que se desprenden como consecuencias de la ley primera de Murphy. Con mis alumnos recientemente practiqué el ejercicio de aventurar nuevas consecuencias observando la ley mentada y las tablas de verdad de las conectivas lógicas, ejercicio ocioso si no fuera por el punto central: en un curso de habilidades del pénsamiento para futuros ingenieros me pareció importante revisar la Ley de Murphy pues de la misma manera que la invocación de la suerte ésta podría interpretarse como una perspectiva metafísica y mística que sitúa al sujeto como centro de atención de alguna maquinación en su contra, o bien podría entenderse como un estado natural del universo en el que los fenómenos tienden a destarse en consecuencias indeseadas desde un punto de vista humano, me gusta esta versión porque al final no se trataría de un complot universal contra la suerte de los sujetos todos y de uno en particular, sino un estado natural de tendencia al desorden en el que las probabilidades son herramientas para atender, entender y generar nuestras expectativas, desde mi púnto de vista este es el inicio del pensamiento racional sobre los eventos de nuestra vida.

He tratado de desterrar la palabra suerte de mi vocabulario, sin embargo pasa que ocasionalmente le deseo “suerte” a alguien; lo hago como de dientes para afuera por ser amable, por hacerle saber a esa persona que me interesa el resultado de su empeño, no como un rasgo de cínica hipocresía, sino porque siempre espero que la persona a la que se le desea el buen resultado haya avistado, amarrado, conducido, resuelto todas las circunstancias que convergerán al resultado de sus esfuerzos y eso es lo que deseo pues creo que racionalmente son bienaventurados los esforzados que destierran a la suerte de su explicación del mundo, y toman las riendas de las consecuencias de sus acciones u omisiones.

Fabricio González Soriano

1 comentarios:

abimael dijo...

ke tal profesor, pss le eche una leida a la publicacion y pss io = no kreo q exista la suerte, mas bien las personas, a travez de sus esfuerzos, hacen que las cosas les salgan bien, aunque en algunos casos, llegan a suceder eventos inesperados, ya sean muy buenos o muy malos y que nosotros no tenemos el control de provocarlos, pero yo no creo q sea suerte, sino mas bien es parte del proposito que Dios tiene con cada uno de NOsotros, creo q todo lo que Pasara ya esta definido, pero nosotros en parte hacemos ke las cosas sucedan de la manera en que queramos.

(jee amm iva a escribir otra cosa que pense mientras leia, pero se me olvido, necesito sukrol :D)

Buena suerte... !!! jaja

sera mejor decir, que le vaya bien? o es casi lo mismo?